Resistencia a quejarnos

Hace unas semanas, me llegó una carta de hacienda, en la que me decían que había pagado de menos en unos impuestos de un documento público (para la compra de un piso), y después del disgusto inicial, y la fase de negación del tipo “esto tiene que ser un error, no puede ser que tenga que pagar tanto de repente”, asumí que podía ser cierto.

Una de las razones por las que me resistía a pensar que hubiera pagado mal los impuestos, era que no los había pagado yo, los había pagado una gestoría que se dedica a hacer esos trámites todos los días, y cobrando unos 350€ como honorarios por pagar mis impuestos, siempre te imaginas que lo van a hacer bien.

El error en el pago venía porque me habían aplicado una reducción que no me correspondía, y desde hacienda me remitían a unos artículos (en concreto al 33.1 y 36 del Decreto Legislativo 1/2008, al 35.6 de la Ley General Tributaria, al 33 de la Ley 30/1992 y algunos más), que explicaban porqué no me correspondía esa reducción, y por tanto tenía que pagar más impuestos (cosa que yo sé ahora, pero la gestoría lo debería saber desde siempre, ya que es su trabajo).

No voy a hablar ahora de porqué miran los datos fiscales de dos años antes de comprar el piso, ni porqué una persona que se pase del límite de renta por 50€ tiene que pagar 1200€ más de impuestos (claramente le interesa ganar menos). Asumo mi responsabilidad, y si hay que pagarlo se paga, aunque a parte de los impuestos, hacienda reclama también una penalización de demora del 6% (unos 70€), y eso ya me escuece más…

En primer lugar, me comunico con la gestoría que han pagado los impuestos en mi nombre (cobrando por ello, claro), y tras hablar con una administrativa, me remite a su jefe para cualquier asunto relacionado con devoluciones. Hablando con su jefe, me dice que los impuestos están bien pagados, y que ellos han hecho su trabajo bien. Después de alucinar un poco, y explicarle detalladamente el caso, y que los impuestos pienso pagarlos yo, pero la penalización por haberse pagado mal la primera vez, creo que es responsabilidad suya pagarla por no haber hecho bien su trabajo. Finalmente y después de algunas vueltas, me dice que le vuelva a remitir toda la información, y que va a llamar a la oficina central de Madrid, que son los que tienen la última palabra, y que ya me dirán algo. Después de un par de días sin recibir noticias suyas, les insisto por e-mail y me responden tranquilamente que como hablamos por teléfono, no hay nada que devolver, porque ellos han hecho bien su trabajo.

En este punto es donde me encontraba a finales de la semana pasada, con varias opciones por delante: dejarlo correr y asumir la pérdida del 6% (unos 70€) por la incompetencia de otra persona; ponerle una reclamación en consumo, que al ser una especie de conciliación, suele terminar en un “yo no he hecho nada de lo que dice el reclamante”; denunciar directamente a la gestoría, que según tengo entendido, si la cantidad reclamada es menos de 800€ no hace falta abogado ni procurador, y por supuesto tiene mucho más peso que una reclamación en consumo; actos violentos contra la gestoría o su personal, que aunque se pase por la cabeza, entiendo que no es lo que hay que hacer; seguir insistiendo hasta que me hagan caso.

Me resistía a conformarme con la pérdida de los 70€, pagué por un trabajo bien hecho, y la penalización me la reclaman a mí, así que seguí insistiendo hasta que me hicieran caso, volviendo a contactar con la misma gestoría, y llamando también a la central de Madrid (donde estaban extrañados de que les llamara a ellos en lugar de solucionarlo en la provincial), y tenía ánimo suficiente para repetir tantas veces como hiciera falta, que de un trabajo mal hecho se debe responsabilizar la persona que lo ha hecho (y cobrado por ello).

Con todas las llamadas que hice y los correos que mandé, al final algún resorte pareció moverse, que desencadenó que el mismo jefe que no quería pagar la penalización, me llamara para liquidarlo. Me alegré de que al final, aunque a regañadientes, aceptaran su culpa. No deben de estar muy acostumbrados a que la gente les reclame, porque tenían una resistencia muy grande a reconocer que la culpa podía ser suya, e incluso me dijeron después de abonarme el dinero, que tenía que haber sido yo quien les dijera cuántos impuestos me correspondía pagar, a lo que tranquilamente le respondí que si supiera los impuestos que hay que pagar, los pagaría yo mismo, y no contrataría una gestoría.

Después de semanas, un par de visitas a hacienda, algunas llamadas, correos, leer algunas leyes, pagar algunos parkings, al final creo que he quedado resarcido cuando me dieron la razón y me pagaron la parte de la reclamación de hacienda que correspondía al trabajo mal hecho. Yo creo que ha merecido la pena, porque si no luchamos en este mundo por las cosas que consideramos justas, ¿qué nos queda?

Esto es lo que tuve que adelantar yo a hacienda por la penalización, hasta que me lo devolvieron

Esto es lo que tuve que adelantar yo a hacienda por la penalización

¿Por qué explorar el espacio?

En 1970, Ernst Stuhlinger, entonces director asociado de ciencia en el Centro de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA, recibió una carta de queja por gastar tantos millones de dólares en el programa espacial, cuando tantos niños morían de hambre en la tierra. Su respuesta fue impactante, el programa espacial podía hacer más por esos niños que si el dinero de destinara a comprar alimentos.

En la carta, hace mención a la invención del microscopio, gracias a la inversión de un conde pese a la oposición de los aldeanos que sufrían una plaga, y que finalmente ha contribuido más que cualquier otro invento al progreso de la medicina, y ayudó a erradicar esa plaga y muchas otras. También comenta que invirtiendo en algunos satélites artificiales sencillos, se pueden multiplicar las cosechas en los países necesitados, anticipándose a sequías, temporales, lluvia, etc.

Además hace un análisis a la economía americana, y a que no todo es tan simple como “quito dinero de aquí, y lo pongo aquí”, y también de las políticas nacionales de algunos países necesitados que dificultan la llegada de ayuda. Pone como ejemplo de la “apertura de fronteras” a la cooperación internacional vivida con el Apolo 13 entre la Unión soviética y Estados Unidos, en plena guerra fría.

Mi frase favorita del artículo es ¡Cuánto sufrimiento humano puede evitarse si las naciones, en lugar de competir con sus flotas de bombarderos y cohetes, compitiesen con sus naves espaciales para viajar a la Luna!

 
Artículo original en español y en inglés.